El Arca de Gaza

JUAN CARLOS RAMÍREZ-ESCUDERO – Sábado, 2 de Noviembre de 2013

http://www.deia.com/2013/11/02/opinion/columnistas/navegando-de-bolina/el-arca-de-gaza

PARECE mentira la extraña habilidad que tenemos los humanos de convertirnos de víctimas en verdugos en poco tiempo. Puede que el síndrome genético de violencia que debemos de llevar casi todos -en mayor o menor medida- en las venas nos obliga a elegir entre disfrazarnos de víctimas o de verdugos sin entender apenas que se podría existir de forma muy cómoda entre ambos papeles; es decir, no ejerciendo ni de víctima ni de verdugo sino de persona normal que no desea ni torturar a los demás ni que le torturen. Y, ¿a qué viene todo esto? Pues porque están presentando en Euskadi en esta semana lo que van a llamar el Arca de Gaza, un nuevo proyecto para ayudar a los pobres palestinos a que salgan del espeso cerco con que les asfixia el Estado de Israel; algo así, como la segunda entrega de aquella flotilla de la libertad que acabó trágicamente con nueve muertes por la injustificada y desmedida intervención militar de los judíos.

Ya he comentado más de una vez que -allá por los sesenta- casi todos éramos projudíos. Estaba aún fresco el recuerdo del holocausto y las primeras fotos impresionantes de los campos de concentración nazis y Franco también culpaba de todos sus males al comunismo y al sionismo internacional y nosotros nos apuntábamos alegremente a favor de todo lo que le fastidiara a aquel generalito enano, gallego y asesino.

Además, había pasado poco tiempo desde la declaración Balfour (1948) que creaba el Estado judío en territorio palestino y aún no se habían internacionalizado las protestas de los palestinos expulsados de sus tierras. Y también existía una ingente literatura projudía como Éxodo y Mila 18de León Uris y todos seguíamos con tensión casi cinematográfica la caza de nazis que llevaba a cabo el Estado judío.

Pero se nos cayó la venda pocos años después cuando empezamos a saber que para que un Estado encontrara su suelo y sus raíces milenarias se había despojado del mismo a otro grupo humano que podía presentar los mismos derechos que los judíos. Y nunca hemos entendido -como decíamos al principio- cómo un pueblo mártir, una nación eternamente mártir como la judía ha tratado a los antiguos dueños de su territorio casi como les trataron los nazis a ellos; lo que quiere decir que no aprendemos con la historia y que podemos pasar de víctimas a verdugos en muy poco tiempo. Se nos cayó el velo y nos dimos cuenta de que el pueblo históricamente perseguido se podía convertir de forma rápida en perseguidor. No entiendo cómo los judíos cuando ven ahora el horror de su represión y de sus bombas en la población palestina no se acuerdan de que -hace escasas décadas- eran ellos los perseguidos y bombardeados. Cómo con el paso de dos simples generaciones -o cerca de cincuenta años- un pueblo puede olvidar sus sufrimientos y dedicarse a infligirlos a un pueblo vecino. O, al revés, no olvidan su holocausto pero están creando uno parecido en pleno siglo veintiuno. Será parte de la eterna dedicación a la violencia de la condición humana, algo que no ha decrecido con el lento paso de los siglos.

Y, ahora, en la primavera del próximo año, el Arca de Gaza va a intentar no llegar a Palestina por mar -como la flotilla de la libertad- sino sacar de Palestina -también por mar- los productos palestinos para exportarlos y para que la economía de aquel país funcione como la de cualquier país normal sin la asfixia fronteriza de los militares judíos. De jóvenes, muchos quisimos ir a un kibutz para ayudar a la causa judía con el trabajo colectivo porque era una de las formas de expresar nuestra rebeldía al ayudar a un país joven y recién masacrado. En pocas décadas, todo ha cambiado y los jóvenes protestones de hoy quieren ayudar a Palestina porque es el país joven y masacrado del siglo veintiuno. Los lemas de este Arca de Gaza son tan sencillos como elementales: "Construir esperanza" y que "Sigamos siendo seres humanos". Cómo es la historia y cómo un país -como Israel- puede convertirse de víctima en verdugo con el paso de pocas décadas.

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